domingo, 18 de abril de 2010

21.8. Socialismo sueco otro modelo fallido


Algunos socialistas moderados han argumentado que el socialismo de Suecia, es el modelo de referente a seguir para contribuir a luchar por la construcción del “revolucionario” sistema en Latinoamérica.

Sustentándose en la obra “Reinventar el Estado de Bienestar” sobre la realidad de Suecia, obra de autoría del chileno Mauricio Rojas, la analista Gabriela Calderón (El Universo, 13 mayo 2008), destaca que el modelo es fallido porque no tuvo perdurabilidad en el tiempo.

Calderón reseña que, aquellos que consideran a Suecia una especie de “utopía posible” ignoran que: (1) este país abandonó el modelo de amplia intervención estatal hace 15 años; (2) que el modelo del Estado de Bienestar que brindaba protección “desde la cuna hasta la tumba” era un fenómeno nuevo en Suecia que comenzó en 1960; y (3) que ese modelo resultó en un desempeño económico relativamente negativo en comparación a los otros países desarrollados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Se destaca que, hasta 1950, la carga tributaria como porcentaje del PIB en Suecia era más baja que aquella de Alemania, Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Era de apenas el 22%. Es precisamente durante esas décadas de baja carga tributaria (1870-1950) que Suecia era el segundo país en Europa con la tasa más alta de crecimiento promedio del PIB. Era un referente de potencia industrial con una población educada

En cambio, entre 1950 y 1973, periodo en que se instauró el “modelo socialista sueco” de intervención estatal en la provisión de servicios públicos, el crecimiento de Suecia pasó a ser el más lento de Europa Occidental con la excepción del Reino Unido. Lo mismo sucedió para el periodo entre 1973 y 1998 pero esta vez solo Suiza demostraba un peor crecimiento.

El cambio de tinte socialista se dio así: Suecia duplicó su carga tributaria entre 1960 y 1989 (del 28% al 56% del PIB). Durante 1960 y 1980, el gasto público pasó del 31% al 60% del PIB y el empleo público como porcentaje del total de la fuerza laboral se triplicó. La adjudicación de más y más responsabilidades exclusivas del Estado sueco (léase monopolios estatales) resultaron en que el país se convirtió en “el paraíso de la producción en masa, ya sea de automóviles, viviendas, educación o salud”.

Pero el modelo era insostenible y eso se volvió dolorosamente evidente entre 1991 y 1993, periodo durante el cual se perdió medio millón de empleos y el PIB sufrió una pérdida acumulada del 6%. El gasto público se disparó al 72,4% del PIB, acota Calderón.

En 1991 ganaron elecciones partidos no socialistas bajo la bandera de la “revolución para la libertad de elección” y con élla empezó el repliegue del estatismo a favor de la empresa privada.

En Suecia repercutió la insostenibilidad de la ideología socialista, la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, entre esta última los países Bálticos de Lituania, Estonia y Letonia que apuraron la adopción de medidas antisocialistas.

El sentimiento antisocialista fue tan manifiesto en los países Bálticos, que los ciudadanos llegaron a derribar las estatuas de Lenín.

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