miércoles, 14 de abril de 2010

20.6. Gobiernistas quieren quedarse largo, de por vida


20.6.1. Al puro estilo de Hugo Chávez y su camarilla
Los tambores de guerra que suenan en Venezuela, en contra de Colombia, en especial, se matiza con la profusa propaganda de que el “socialismo” es bienestar y de que el futuro demanda que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se quede en el poder por décadas, ha contagiado a la camarilla gobernante del Ecuador.
Frente a las múltiples denuncias de corrupción que ha puesto en la palestra la prensa independiente, Fabricio Correa y la oposición política, pero que en general no se fiscalizan, por la autocracia imperante en el país, el presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Cordero, respondió (Expreso, 15 diciembre 2009) que para que termine el actual sistema (gobierno de Alianza Pais), tendrá la oposición que esperar cien años.
Jorge Vivanco (Expreso 16 diciembre 2009) sostiene que el sistema al que se refiere Cordero, tendría que ver con el sistema electoral fraudulento que deslegitima todo el armatoste constitucional en que se basa la revolución ciudadana, que es una autocracia con el nombre de socialismo siglo XXI. Ese mecanismo se basa en la decisión del CNE de meter en las campañas electorales, en una camisa de fuerza a los partidos y sus candidatos en cuanto al tiempo y al monto de gastos fijados con una mezquindad descarada, mientras al Presidente de la República se le entrega todo el campo electoral, sin límite de tiempo, en que dispone de mucho dinero y la infraestructura de la administración pública, sus posibilidades logísticas y la influencia del poder.
Así las elecciones transcurren en un desequilibrio tal, que lleva implícito el fraude que en las elecciones presidenciales pasadas se demostró en forma repulsiva.
Con este sistema, destaca Vivanco, la revolución ciudadana ha eliminado la democracia electiva con su división de poderes y el principio de alternabilidad republicana, que se ha instituido por la autocracia que vivimos, en que van desapareciendo las instituciones que el Ejecutivo las demuele, ante lo cual la ciudadanía está despertando y por más que el mandatario acuda al populismo, no puede ocultar el panorama económico de 1910 que, según un economista serio, capaz y experimentado como Marco López, carecemos de un modelo económico y se lo sustituye por un modelo político, y así “todas las decisiones económicas están supeditadas a los resultados políticos. Aquí toda decisión económica se la hace a nombre de la revolución ciudadana, no a nombre de la lógica, de la técnica y del sentido común”.
Así, no será necesario esperar cien años, como prevé Cordero, sino solo 3 que son los que faltan para las próximas elecciones, asevera Vivanco.

20.6.2. Radicalización de la “revolución” y sumisión popular
Como en tiempos de campaña, el presidente Rafael Correa se movilizó ayer en la capital tungurahuense, Ambato (El Universo, 17 enero 2010) para celebrar el 3er. Aniversario de la Revolución Ciudadana y para promover su radicalización.,
El Jefe de Estado Correa convocó a la unidad a los coidearios de su movimiento y a hacer un “pacto de sangre” para no abandonar el “barco revolucionario” y para continuar con este proyecto político. Y reiteró que “La Revolución Ciudadana da para 3, 10, 30, 300 años, porque a esta revolución no la para nadie”.

Antonio Rodríguez Vicéns (El Comercio 19 enero 2010) señala que frente a los vientos que soplan en el ambiente, los árboles nos impiden ver el bosque, … en relación con la ‘revolución ciudadana’, a los ecuatorianos nos está sucediendo algo parecido. Nos preocupan determinados aspectos coyunturales y los criticamos aisladamente -la tendencia al autoritarismo, los insultos del dictador de Carondelet, la inseguridad y el desempleo, el crecimiento inconsulto del gasto público, la injerencia en la administración de justicia, la propaganda, el clientelismo, el afán de limitar la libertad de expresión, la corrupción-, pero soslayamos lo fundamental: que son también secuelas del proceso que, paso a paso, nos ha venido imponiendo para consolidar el proyecto político global, concentrador y autoritario (a largo plazo) del correísmo.
Rodríguez recuerda que todo comenzó con la inconstitucional convocatoria a la consulta popular y la vana ilusión popular de que la aprobación de una nueva Constitución abriría las puertas al cambio. El golpe de Estado desde el poder, que desintegró al Congreso Nacional e impuso diputados de alquiler, no fue comprendido ni analizado en su auténtico significado.
La Asamblea Constituyente tomó la posta y, prescindiendo del estatuto aprobado por el pueblo, estableció que sus decisiones (la voluntad de su mayoría) prevalecerían sobre la Constitución y las leyes. El texto constitucional de Montecristi -extenso, confuso y contradictorio- fue redactado para servir de instrumento dúctil y eficaz a ese proyecto político.

La ‘revolución ciudadana’, para alcanzar sus objetivos, anota Rodríguez, impulsó un proceso de desinstitucionalización nacional: la Asamblea aprobó varias normas, incorporadas al texto constitucional subrepticia y mañosamente, para establecer un ‘régimen de transición’, que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue vigente. Creó, con irresponsabilidad, el caos jurídico que le ha permitido manipular a las instituciones y, en última instancia, someterlas a sus designios. La Corte Nacional de Justicia y la Corte Constitucional son un ejemplo: integradas con innegable violación del nuevo ordenamiento jurídico, debilitadas y sumisas, son meras instituciones de ‘transición’. ¿Hasta cuándo?
La historia se repite. Los regímenes totalitarios -de derecha o de izquierda, el nazismo o el comunismo estalinista-, basados en la represión y el miedo, el odio y la arbitrariedad, siempre han proclamado su larga duración. La enfiestada ‘revolución ciudadana’, cuya tendencia al atropello, la descalificación y el autoritarismo es incuestionable, no se queda atrás: “Tendremos una revolución para tres, diez, treinta, trescientos años”. En la práctica, y soslayando la exageración, no le importa el pueblo: convencida de la supuesta ceguera de los ecuatorianos, demagógica e ineficaz, hundida en sus propias contradicciones y en la corrupción, sólo nos demuestra su insaciable sed de poder.

¿Permitirá el pueblo, la pérdida de su libertad y del progreso?

Link: www.ticsdemanabi.net

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