viernes, 16 de abril de 2010

20.19.- Sistema enemigo de los emprendimientos


Mientras Correa y los socialistas del siglo XXI se solazan con abrumadora propaganda de impulsar la mítica Revolución Ciudadana, no hacen otra cosa que reprimir a las fuerzas productivas y los emprendimientos que son necesarios para avanzar y progresar.

Es que el socialismo, señala Pablo Lucio Paredes (El Universo, 17 oct 2009) no comprende al emprendimiento, porque su esencia es creer que en el Estado, los políticos, se encuentra la solución a los problemas. No (quiere) comprender que es en el esfuerzo de producción e intercambio donde se encuentra la generación de riqueza. Intercambio de los insumos para producir. Intercambio para contratar trabajadores (los salarios surgen del emprendimiento … no es, como creen los marxistas, que las utilidades surgen como un abuso del salario). Intercambio con el Gobierno mediante los impuestos (supuestamente a cambio de servicios estatales). E intercambio posterior, cuando lo generado se convierte en nuevas inversiones y consumo. Así se mueve la economía. Y si no hay emprendimiento, esta se paraliza… el primer afectado es el Estado que no recibe recursos.

Emprendedor es todo el que emprende. Se basa en esfuerzo, creatividad y riesgo que a su vez se sustentan en una motivación (o ausencia de desmotivación). Hay emprendedores de diversas proporciones, desde el que pone una tienda de barrio hasta el que genera productos novedosos. Cada uno mueve la economía en proporción a su aporte, por la valoración que los demás dan a esos productos. Pero unos y otros dependen de un entorno razonable, que estamos perdiendo en el Ecuador.

Primero en el lenguaje y la visión que se tiene desde el poder: el empresario es esencialmente un aprovechador (y claro que es un “aprovechador” de las oportunidades que encuentra para vivir mejor ofreciendo algo a los demás. Fuera de eso, tiene los mismos defectos y cualidades de todos).

Segundo, por las acciones concretas.
Actualmente las utilidades generadas pagan el 25% de impuesto más 15% a los trabajadores, y a eso se pretende agregar hasta el 10%, cuando se distribuyen dividendos. Es decir, alguien se arriesga, invierte, y al final reparte casi el 50% de lo que gana, y además su esfuerzo es considerado ilegítimo. ¡Es evidente que es mejor escoger al Estado, para vivir de los aportes de los demás! ¿Tiene sentido? Me dirán que lo mismo hace Suecia o Estados Unidos. Respuesta: no lo hacían cuando tenían el nivel de desarrollo nuestro.

Y se agrega un impuesto a la renta mínimo. Como me señala un lector: “Los que más se verán afectados son los negocios de alta rotación y bajos márgenes, las industrias con grandes activos pero grandes pasivos y las empresas que generen pérdidas. Este último término viene a ser una especie de tabú, algo inconcebible, el que pierda está estafando”. Me dirán que es normal pagar un mínimo para sostener al Estado. Pregunto: y todos los demás impuestos, ¿para qué son?, ¿para mantener a quién? Por supuesto que debemos pagar los impuestos, y hay que exigir que todos cumplan, pero en estas condiciones no tiene sentido.

La esencia emprendedora se la va perdiendo poco a poco, sin darnos cuenta, y es muy difícil recuperarla. Luego lo que se tiene son “vivos” viviendo del Estado, pero eso es muy diferente… y más pobreza.

Link: www.ticsdemanabi.net

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