sábado, 17 de abril de 2010

21.2. Errores mayores de los fundamentalistas de la dictadura


21.2.1. Empresa como una gama de contratos que se desconoce

Cuando el Gobierno plantea mecanismos para elevar el salario mínimo hacia el “salario digno” con los cuales desde un Ministerio se intenta decidir qué empresas pueden pagar dicho salario, muestra un enorme desconocimiento de lo que es una empresa y como se dan los movimientos de la economía.
La empresa, según Pablo Lucio Paredes,(El Universo, 12 sept 2009) no es simplemente un conjunto de fierros y una estructura operativa, generadora de utilidades y salarios que el Gobierno intenta administrar. Una empresa es esencialmente un conjunto de contratos libres, siendo el más importante el que liga trabajadores y empresarios. La evolución humana espontánea ha generado este tipo de estructura, porque permite enfrentar (no perfecta sino razonablemente) varios problemas esenciales de la organización productiva, como son eficiencia y manejo de riesgos:

1) Identificar el esfuerzo productivo de cada uno, y poder asignar responsabilidades, premios y castigos, es esencial para no caer en una situación en la que cada uno actúa de “polizón” y trata de “viajar” gratuitamente por la vida a base del trabajo de otros (ese es el enorme problema del socialismo, no tiene mecanismos para premiar el esfuerzo, y cada uno espera en su esquina que los demás se movilicen y que lo aprovechen).
La estructura de contratos en una empresa justamente logra ese objetivo, y lo hace mal cuando existe más intervención (controles y restricciones) legal y estatal en su libre estructuración.

2) Las personas tenemos diferentes actitudes frente al riesgo, que van desde las que están dispuestas a arriesgarse continuamente para lanzar emprendimientos y poner en juego su patrimonio, y las que no quieren hacerlo y prefieren cada mes recibir un sueldo fijo. La empresa separa justamente dos roles en función de los riesgos: el empresario recibe utilidades y el trabajador un salario fijo. Esa “repartición” no la puede establecer una autoridad externa al proceso productivo, porque de ninguna manera conoce los elementos que lo determinan. Es una ilusión creer que el análisis de un balance permite determinarlo, esta repartición poco tiene que ver con un balance (foto de una situación presente) y mucho con la dinámica de los mercados en el pasado, presente y futuro. Además, el rol del contrato entre trabajadores y empresarios permite disminuir la conflictividad humana.
¿Usted se imagina la “batalla” que sería determinar la repartición del valor agregado empresarial después del proceso, si es que no hubiera contratos que lo fijan de antemano? (ese es el otro grave problema del socialismo, ir eliminando de manera burocrática la diferencia entre utilidades y salarios).
Sin duda, debemos trabajar por mejores, muchos mejores salarios, pero hay que generarlo vía un entorno de más inversión y mayor productividad. Solo cuando el capital (vía inversión) crece más rápido que el trabajo y la productividad incrementa la “torta” es que los salarios aumentan. Así se alcanza, al mismo tiempo, eficiencia y equidad.
El método socialista que suena muy popular y atractivo en realidad termina matando la eficiencia, la inversión y la posibilidad de mejorar la calidad de vida de los trabajadores.
De otra parte, la mezcla de ambición de poder personal o de grupo, de eventual corrupción (cada día surgen nuevas dudas sobre el manejo del Gobierno, sin que se ponga orden) y una visión estatista (socialista) del mundo, solo puede terminar mal. Pablo Lucio Paredes (El Universo, 26 sept 2009), adicionalmente agrega las siguientes reflexiones:

3) El socialismo moderno.- Los países nórdicos de Europa, que algunos señalan como ejemplo de buen socialismo, en realidad son “liberales con enfoque social”. Y esta diferencia es muy importante, porque en esos países hay una enorme apertura al mundo (nosotros nos convertimos en avestruces), libertades básicas absolutamente respetadas, en particular la de expresión (nadie iría preso por “la majestad del poder” y peor un fiscal persiguiendo a Édgar Terán por absurdos atentados contra la seguridad) y un sector privado que empuja la economía (aquí el motor es el Estado).
Para el analista chileno Ernesto Ottone en una entrevistada dada a El Comercio (29 oct 2009), la izquierda moderna no da la espalda al libre mercado y a la globalización, pero si rechaza el populismo. “Nosotros vemos a la globalización como un cambio fuerte que trae oportunidades y problemas. El hecho es utilizar al máximo las posibilidades que esta ofrece. Y destacó, que “América Latina, para alcanzar el desarrollo, necesita: dar un nuevo salto, de mayor valor agregado a sus productos, diversificar las exportaciones, doblegar a la corrupción y tener que disminuir muchas brechas. Eso se consigue a largo plazo y no a fuerza de caudillismos sino de instituciones”.

4) Todo es público y estatal.- Se confunde lo colectivo y lo público/estatal. Lo primero se refiere a todos los temas que consideramos son temas de todos, que juntos debemos resolver, desde la cancha de fútbol del barrio hasta la educación nacional. Y para eso podemos buscar soluciones en que nos involucramos de diversa manera: nos unimos los moradores para una minga, aportamos y ponemos en marcha escuelas etcétera… Pero el socialismo nos ha metido en la cabeza que todos esos problemas colectivos son públicos/estatales, es decir, solo el Gobierno los puede resolver. Nos ha obligado a pagar impuestos para atenderlos de manera monopólica. Y de ahí soluciones ineficientes, inadecuadas, nos han convertido en espectadores (es decir, ha construido una sociedad menos solidaria porque esa función solo es de los gobernantes), y naturalmente nos ha empujado a ser demandantes de dádivas que incrementan el poder estatal. Cuando debemos hacer todo lo contrario: liberar todas las fuerzas, iniciativas, responsabilidades y solidaridades, incluyendo las del Estado, para que los problemas colectivos se resuelvan.

5) De la planificación central.- Se cree que la sociedad es una máquina, que se puede regular y controlar desde las alturas. Se puede, allá en el poder, establecer lo que es bueno y malo para cada uno y para todos. Se cree que la planificación central es válida, porque encaja las piezas del rompecabezas. Cuando la sociedad, sistema complejo, es exactamente lo contrario. Lo bueno y lo malo no es algo que existe en una cajita mágica por encontrar, sino que lo van construyendo y descubriendo día a día las personas y sus organizaciones. Claro que hay planificación, pero solo como una visión global estratégica que une hilos invisibles.
Y cuanto más interviene el Estado rígido y controlador, más destruye esos hilos que constituye el sistema social. Cuánto más se mantiene moderado pero importante, en su apoyo a la solución de problemas sociales, mejor funciona.
… pero el socialismo sueña en otro mundo, el del pensamiento único, el del poder absoluto, “donde todos son iguales, pero unos más que otros”…

21.2.2. Esencia del histórico fracaso: eliminación de incentivos y esfuerzos

Al revisar la historia mundial, Guillermo Arosemena (Expreso, 11 abril 2010) encuentra que el socialismo desde sus comienzos era fatal para los pueblos, aún antes de ser ideología, partido político o sistema de gobierno.

La revolución agrícola comenzó en Inglaterra, cuando se promulgaron leyes de cerramiento de las propiedades agrícolas, entre los siglos XV y XVII. Anteriormente las tierras eran de todos, no existían títulos de propiedad como se conocen en la actualidad. La citada ley mejoró la productividad agrícola e incrementó el nivel de vida del sector rural. Fue una de las iniciativas que estableció el camino para Inglaterra convertirse en el país más poderoso del mundo.

Cuando los ingleses fundaron las colonias en Norte América, instituyeron derechos de propiedad comunitarios, los que servían para los alimentos y demás recursos distribuirse equitativamente entre todos los colonos. La gente recibía la misma cantidad, independientemente de su contribución a la producción y ella estaba prohibida de producir por cuenta propia.

Con el pasar de los años hubo malestar entre la población al no estar de acuerdo con el sistema existente, por la falta de incentivos, especialmente de quienes trabajaban más. El resultado fue que la comida comenzó a escasear. Preocupados de una posible hambruna, en 1623, la colonia de Plymouth Plantation decidió implantar un nuevo sistema económico. A cada familia se le asignó una parcela de tierra y cada una de ellas podía guardar todo lo que producía, eran responsables de su propia alimentación. Los resultados fueron extraordinarios al aumentar el tamaño de las cosechas debido al incentivo económico y esfuerzo individual.

La pobreza no desaparece creando igualdad social a la fuerza, hay numerosas experiencias en la historia confirmando que quienes han pretendido hacerlo, como en la Unión Soviética, China y demás países comunistas y socialistas, crearon mayor pobreza. En la primera, los científicos ganaban un sueldo no muy diferente al de personas con nivel intelectual inferior. Cuando desapareció el régimen oprobioso, muchos salieron al Occidente a ganar sueldos cien veces superiores. Hay que imitar lo bueno, no lo malo.

Link: www.ticsdemanabi.net

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