
En el “tercer mundo”, en el que esta incluído el Ecuador, sí surgen empresarios talentosos y emprendedores, con virtudes para crear, producir y hacerse de nichos mercados; gente que descubre las necesidades de la sociedad y como satisfacerlos y solucionarlos; que siente la necesidad de triunfar, acumular riquezas y ser respetada y querida por la comunidad en la que vive. Un ícono fue Don Luis Noboa Naranjo.
No obstante, la maquinaria implacable del Estado, sostenida por socialistas y populistas en muchos más, en otros menos, se ha hecho presente para terminar, lamentablemente, por exterminar a los emprendedores.
Carlos Alberto Montaner (Firmaspress, 1 septiembre 2008) haciendo una reminiscencia de la obra titulada “Lessons from the Poor” (Lecciones de los pobres), de Alvaro Vargas Llosa publicado por el Independent Institute, destaca que en los países menos desarrollados:
1.- El Estado está organizado para crear inconvenientes y obstaculizar a las personas provistas de creatividad e iniciativas.
2.- Aquí no hay más que corrupción, funcionarios parásitos que exigen coimas para no paralizar los proyectos, y gente bien conectada con el poder político que protege sus negocios de la libre competencia perjudicando, de paso, a los consumidores.
3.- Ninguno de los millones de empresarios que hay en el primer mundo, tienen que enfrentarse todos los días a la deficiente infraestructura moral y física que hace tan cuesta arriba las labores empresariales en casi toda América Latina.
En el libro citado, se reseñan 5 casos , de emprendedores del tercer mundo, en los cuales “hay personajes muy peculiares, inteligentes, disciplinados, laboriosos, tenaces, que ni siquiera han realizado estudios especializados, impulsados por la necesidad psicológica de alcanzar el éxito y obtener reconocimiento social, que se han guiado por el único método de trabajo que realmente funciona en el mundo económico: tanteo y error. Es así como los negocios surgen, crecen y prosperan: sobre la marcha, experimentando, improvisando, descubriendo todos los días cuáles son los caminos adecuados y cuáles conducen al fracaso.
De su parte, Montaner cuenta la historia del empresario venezolano Armando de Armas, gran magnate del mundo de la comunicación, que comenzó su carrera repartiendo periódicos ajenos. Andaba en los ochenta y tantos cuando la muerte le sorprendió trabajando y soñando con nuevos proyectos. Para ellos, para los que sienten el fuego de los emprendedores, el placer estaba en crear, luchar y, claro, triunfar.
En el “tercer mundo”, en el que esta incluído el Ecuador, sí surgen empresarios talentosos y emprendedores, con virtudes para crear, producir y hacerse de nichos mercados; gente que descubre las necesidades de la sociedad y como satisfacerlos y solucionarlos; que siente la necesidad de triunfar, acumular riquezas y ser respetada y querida por la comunidad en la que vive. Un ícono fue Don Luis Noboa Naranjo.
Partadógicamente, en el lado opuesto se encuentran los políticos, como Correa y su camarilla, que bregan por matar los emprendimientos y las iniciativas de la empresa privada.
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