
Que un gobierno quiera salir de una recesión mediante gasto público es una receta keynesiana que hoy aplican todos los gobiernos. Pero el Ecuador está en una situación complicada, con tres trimestres consecutivos de caída del PIB y un creciente desempleo.
Pero entre el caso ecuatoriano y los otros países hay una gran diferencia.
Walter Spurrier destaca (El Universo, 25 oct 2009) que en los otros países combaten el pesimismo en cuanto al ciclo económico, así: el consumidor no gasta por creer que puede perder el empleo; la empresa no invierte porque teme quedarse varada con la producción. El Estado entra a comprar, las empresas recobran optimismo, contratan más, los consumidores dejan de preocuparse, gastan. El círculo vicioso se torna en virtuoso.
Aquí, señala Spurrier, el pesimismo no es con el ciclo económico, sino con el futuro que busca el presidente Correa y lo que implica para la empresa privada. “Fidel me dijo que no puedo estatizar todo en dos años”, declaró en Bolivia. ¿Implica que lo hará en diez?.
De otra parte, Spurrier anota, que como la economía no es de mercado sino solidaria, como dice la Constitución, se supone que debemos dejar de competir para ganar más; y habría que trabajar para darle a otros, por patriotismo.
Lo que puede esperar el Presidente Correa de su reactivación, pronostica Spurrier, es que, frente a una mayor demanda (aumentando sueldos, bonos) de los consumidores a los que ponga dinero en el bolsillo haga que las empresas produzcan más para venderles, y quizá contraten más empleados. Habrá más utilidades, pagarán más impuestos.
Pero, remarca Spurrier, no se incrementará la inversión para atender mejor la demanda futura: no hay certidumbre ni confianza sobre adónde nos llevan. En síntesis, no se crea el círculo virtuoso.
Cuando se acaben los USD 2.555 millones de la Reserva Monetaria Internacional que el Presidente Correa dispuso su utilización, la economía se volverá a parar,… así, se necesitará un tercer paquete de reactivación. ¿De dónde saldrán los fondos?
Gabriela Calderón (El Universo 28 octubre 2009) considera que, aumentar el gasto público probablemente sólo redistribuirá la riqueza existente, más no la aumentará. Muchos economistas respetados coinciden en que la Gran Depresión de los años treinta nos enseñó que el proteccionismo comercial, la inflexibilidad laboral y el aumento de los impuestos todos fueron factores que contribuyeron a agravar y alargar el estancamiento económico.
Por lo tanto, remarca Calderón, nuestro Gobierno podría ayudar mucho haciendo totalmente lo contrario: reducir unilateralmente los aranceles, flexibilizar el mercado laboral (por ejemplo, permitiendo la contratación por horas y no subiendo más el salario mínimo), simplificar el pago de impuestos y bajar las tasas tributarias. Eso ayudaría mucho más que un costoso plan de reactivación.
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