
20.28.1. Instrumento de control de la camarilla gobernante
Las críticas se dirigieron en las pasadas semanas a las irregularidades del concurso para seleccionar a los siete integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS).
Sin embargo, la cuestión de fondo, anota Diego Araujo (Diario Hoy 12 abril 2010) es preguntar si hacía falta crear un nuevo poder o función del Estado. Acogiendo criterios del académico Enrique Ayala Mora, Araujo reafirma que: “no existen antecedentes doctrinarios ni jurídicos para esa nueva función; su concepción y estructura son "antidemocráticas, regresivas y violatorias del principio básico de la representación", al punto de que Ayala ha encontrado una imagen exacta para definir al Quinto Poder: "un Frankenstein", es decir, una peligrosa creación que ha juntado de forma arbitraria y postiza a entidades distintas como la Contraloría del Estado, la Defensoría del Pueblo, la Comisión Cívica contra la Corrupción.
El CPCCS, destaca Araujo, cuenta con potestades muy grandes: elegirá nuevo fiscal de la Nación, contralor del Estado, superintendentes, defensor del Pueblo; seleccionará a los integrantes del Consejo de la Judicatura que tendrán a la vez a su cargo la elección de los nuevos magistrados de la Corte Nacional de Justicia. Tiene además amplias facultades en la investigación de presuntos actos de corrupción y otras tan ambiguas y generales como investigar actos u omisiones "que afecten a la participación ciudadana...". Y en estos días, el inconstitucional veto del presidente Correa a la Ley de Participación Ciudadana entregó a Frankestein otro poder: el de exigir cuentas a los medios de comunicación privados.
Según Araujo, era previsible que se llevara así el agua hacia el molino del Gobierno para el control de la prensa independiente. En enero de 2009, había recordado en esta misma columna que un teórico del Quinto Poder es el español Ignacio Ramonet que, desde hace más de un lustro, repite el mismo discurso contra los medios de comunicación. Para Ramonet, el desarrollo capitalista ha determinado que los medios o el supuesto cuarto poder se uniera a los tres poderes para aplastar a los ciudadanos. En consecuencia, "es necesario crear el Quinto Poder, que nos permita oponer una fuerza cívica ciudadana a la nueva coalición dominante". Desde este núcleo inicial de crítica a la prensa, la creación del Quinto Poder, el CPCCS, mutatis mutandi, se ha extendido a las versiones de la democracia participativa del socialismo del siglo XXI.
De otra parte, la participación ciudadana cooptada por el Estado, al paso de “promover y organizar” a los ciudadanos sólo servirá como instancia clientelar y en un instrumento de control para el poder de turno. No tiene pies ni cabeza que actúen a nombre de los ciudadanos quienes no han recibido un solo voto ni representación de ellos.
Por estos considerandos tanto como Enrique Ayala como Diego Araujo, consideran que a este Frankenstein, hay que eliminarlo.
20.28.2. Ruleta que suplanta la voluntad popular
Se argumenta que la ciudadanía debe participar directamente, no solo mediante representantes, en el Estado. Frente a esto Walter Spurrier (El Universo, 11 abril 2010) se pregunta: ¿Dónde calza el Consejo en el esquema político?
Sobre el tema, Spurrier hace las siguientes reflexiones:
Bajo el sistema presidencialista –algo similar en el parlamentario– la ciudadanía elige periódicamente a quienes gobiernan, y a sus representantes a un cuerpo legislativo que fiscaliza al Ejecutivo.
Para influir en las decisiones gubernamentales y legislativas, la ciudadanía se agrupa de acuerdo a intereses específicos: sindicatos, gremios profesionales, cámaras productivas, asociaciones ecologistas.
Para captar el poder los políticos deben asociarse, formando partidos o movimientos. Los partidos de éxito logran la aglutinación de estos intereses con sus propuestas al pueblo llano.
Considerar que el Consejo es el pueblo en persona equivale a restar importancia a las asociaciones de la sociedad civil. Y al asignársele al CPCCS el control sobre el Gobierno, se le resta a la Asamblea Nacional su función fiscalizadora.
Por más respetables que sean algunos de los consejeros, digno de encomio su dedicación a la labor social, no dejan de ser personas escogidas por un cuerpo colegiado alineado con el Ejecutivo, mientras que los legisladores deben su mandato al voto popular, y los voceros de las asociaciones civiles son elegidos por sus miembros.
El CPCCS es “una ruleta que suplanta la voluntad soberana”, según el académico y dirigente socialista Enrique Ayala Mora.
¿Es creíble que estos ciudadanos escogidos por el Consejo Electoral, tengan el poder o el deseo de controlar los excesos del Ejecutivo? Hay mayoría de consejeros que participaron en el Gobierno o simpatizan con el mismo. Dos cupos se asignaron al MPD, el partido de oposición al cual el Gobierno más respeta.
Ni bien se aprobó la ley del CPCCS, el Gobierno difundió un noticiero en que destacaba la visita de una consejera a la isla Trinitaria mientras se anunciaba que el Consejo, con dinero del Ejecutivo, iba a hacer regeneración urbana.
Bien por la Trinitaria, aunque lo que cabía es que el Gobierno le asigne los fondos al Municipio para la obra. ¿Qué está detrás de esta promoción política del Consejo?
El CPCCS podría ser herramienta del Ejecutivo para hostilizar e incluso destituir a alcaldes de oposición.
En la ley del CPCCS el Presidente propuso concederle el poder de controlar a la prensa. La Asamblea no lo aprobó, ni se allanó a su reintroducción mediante veto parcial. Aparentemente el Presidente lo daría por aprobado, procedimiento que de darse violaría la Constitución, según prestigiosos juristas (Eduardo Carmigniani, Diario Expreso, abril 2).
El Consejo se perfila como otra herramienta para controlar a la prensa, que se suma al manejo político de las cortes. Toda pretensión que el juicio a Emilio Palacio es una aplicación de la ley se viene al traste, al ser la consigna, repetida continuamente por el Presidente, que sus funcionarios deben enjuiciar a los periodistas.
El Consejo hace honor a su apellido materno. Más que de participación ciudadana, será de control social. Instrumento del poder para controlar a la ciudadanía organizada.
20.28.3. Con el estatismo, de mal en peor
Xavier Neira (Diario Hoy, 12 abril 2010) considera que el ser humano está dispuesto a esforzarse, incluso a sacrificarse trabajando duro, cuando la recompensa es atractiva y justifica el esfuerzo. Pero, cuando el Gobierno se olvida de administrar para concentrar el poder, hostiliza a empresarios, descalifica a adversarios, irrespeta la independencia de otras funciones del Estado, persigue a estudiantes, enjuicia a periodistas, quita incentivos, nadie va a hacer el sacrificio necesario para lograr la excelencia. Finalmente, el fracaso será general. No son pues compatibles el socialismo retrógrado y el progreso.
Y eso está pasando en esta era en la que los pocos aciertos se opacan por el cúmulo de errores. ¿Ese es el "cambio de época" que se nos predica? ¿O más bien el fomento al ocio con tantos bonos, dádivas, subsidios y más "ventajas" que están promoviendo un Estado filantrópico y una sociedad de vagos? ¿No están prevaleciendo dogmas inhumanos y un discurso político dúctil para la justificación cínica de los desatinos que se cometen?
Neira destaca, que el remedio resultó peor que la enfermedad. Lo admitió el socialista y académico Enrique Ayala Mora, otro arrepentido tardío, al comentar en TV acerca de la sui géneris meritocracia en la integración de ese fiasco llamado Quinto Poder (CPCCS) o Frankenstein. ¿Socialismo o progreso? O como dicen en Cuba: ¡Socialismo o muerte!
Link: www.ticsdemanabi.net

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